jueves, 23 de abril de 2026

DÍA ELEGIDO PARA EL IDIOMA ESPAÑOL

LA CANOA DEL IDIOMA

"Colombia no es un país: es una embarcación" -Belisario Betancurt, La Canoa.

Luis Tejada murió joven, en 1924. No alcanzó a leer La Canoa de Belisario Betancur. Lástima. Se habrían entendido con dos frases.


Tejada decía, igual que Michel Foucault tiempo después, que las palabras eran bisturís. Betancur dijo que Colombia era una canoa. Junten eso: el español es el río por donde va la canoa. Y el río no pregunta si usted sabe nadar. Lo arrastra.

La canoa colombiana hace agua desde 1810. La derecha rema pa’ un lado, la izquierda pa’ el otro. Los de arriba gritan “¡Orden!”, los de abajo contestan “¡Hambre!”. Y en la mitad, Belisario, con sombrero aguadeño, apuntaba: “El problema no es el remo. Es que no tenemos un mismo río”.

Mentira. Sí tenemos en este subcontinente americano un río. Se llama español. Tiene 21 afluentes. A veces se desborda en “hijueputazos”, a veces baja seco en decretos. Pero es el único que moja a todos: al costeño que dice “ajá”, al argentino que dice "Ché", al chileno que dice "Cachái", al pastuso que dice “achichay”, ó al rolo que dice “sumercé”.

Tejada lo habría dicho más duro: el español es el único acuerdo de paz que firmamos sin darnos cuenta. No lo redactó la RAE. Lo redactó la calle, a punta de apodos y diminutivos. “Mamita”, “papito”, “veci”... Nadie mata a alguien a quien le dice “veci”.

Betancur echó la canoa al agua para que no nos ahogáramos en ideología. Tejada le metió motor al idioma para que no nos muriéramos de solemnidad. Y Palma desde el Perú ya había demostrado que en esa canoa también cabe un Quijote de polizón.

Por eso hoy, 23 de abril, Día elegido para el Idioma, no se celebra a Cervantes. Se celebra que su idioma se volvió canoa. Aguanta golpes, hace agua, se repara con chicle y con poesía, pero no se hunde.

Porque el latín era un buque de guerra. Majestuoso, armado, inútil. Se hundió con el Imperio. El español es una canoa: ordinaria, remendada, inmortal.

Colorario: Los países pueden naufragar. Los idiomas no. Solo cambian de río. Y este, el nuestro, todavía suena a tiple cuando choca con las piedras. hermartch.

Bogotá, en la orilla del río-Idioma, abril de 2026
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Belisario Betancurt, autor de Canoa

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